9 min read

#110. La Nueva Pirámide Nutricional: Toda la verdad.

Cada cinco años, en Estados Unidos se publican las Dietary Guidelines for Americans (DGA), un documento que tiene un impacto enorme: orienta políticas públicas, programas de alimentación, educación nutricional y, de forma indirecta, el discurso global sobre qué significa “comer sano”.

Las guías 2025–2030 no han sido una excepción. Al contrario: han reactivado un debate intenso, especialmente en redes sociales, donde se ha hablado de giros inesperados, contradicciones científicas o incluso de una supuesta marcha atrás en recomendaciones clásicas.

Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto?

Te las explico desde mi punto de vista científico, médico y por supuesto, cardiológico.

La nueva pirámide nutricional

Lo primero que pensé al ver la pirámide invertida es que no la entiendo. Y no vamos a negarlo, la nueva pirámide es cuanto menos llamativa… pero rara: ¿qué es lo que hay que priorizar? ¿Vale todo igual? Afortunadamente, el texto lo deja bastante más claro, pero la imagen… es difícil, vamos a decirlo.

Lo que sí que quizá refleja la imagen es que en una alimentación saludable, los ultraprocesados no tienen lugar. Debemos comer alimentos “frescos” o “reales”, integrales, y esto es un mensaje muy importante, sobre todo en Estados Unidos, donde los ultraprocesados suponen la regla en la alimentación diaria de muchísimos hogares.

Sin embargo, en la pirámide encontramos ciertos grupos de alimentos como la carne roja, la mantequilla o incluso los lácteos enteros, que han demostrado no ser los más acertados para cuidar nuestra salud… ¿por qué salen?

Como veremos, esta representación gráfica escogida no es consistente con el mensaje que se lanza en el documento. Te cuento bien qué es lo que esconde.

¿Qué dicen las guías por dentro?

Cuando leemos las guías detenidamente, lo que proponen, aunque no me parece el mensaje más actualizado ni perfecto, sí que da pasos importantes respecto a las previas. El mensaje principal parece mucho más saludable que las anteriores. Es explícito y relativamente simple: basar la alimentación en alimentos reales, mínimamente procesados y densos en nutrientes, y reducir de forma marcada el consumo de productos ultraprocesados.

Las guías priorizan patrones dietéticos construidos alrededor de verduras, frutas, cereales integrales, proteínas de alta calidad (considerando dentro de esta clasificación fuentes animales y vegetales), lácteos y grasas consideradas saludables (incluyendo a su criterio en este grupo, alimentos altos en grasas saturadas como la mantequilla), acompañados de una reducción clara de azúcares añadidos, carbohidratos refinados, sal en exceso y alimentos “industriales”.

A diferencia de versiones anteriores, el documento pone un énfasis más visible en la calidad de los alimentos frente al conteo estricto de nutrientes, insiste en la preparación culinaria y el consumo de comidas caseras, y refuerza mensajes dirigidos a distintas etapas del ciclo vital (infancia, embarazo, envejecimiento o enfermedad crónica) con recomendaciones prácticas adaptadas.

A grandes rasgos, definen que una alimentación sana se ha de componer así, tomando como referencia un patrón de unas 2.000 kcal (ajustables según edad, sexo y nivel de actividad):

  • Verduras: aproximadamente 3 raciones al día, priorizando variedad y colores, preferentemente en forma entera o mínimamente procesada.
  • Frutas: alrededor de 2 raciones al día, limitando el consumo de zumos incluso cuando son 100 % fruta.
  • Cereales integrales: entre 2 y 4 raciones diarias, reduciendo de forma marcada los cereales refinados.
  • Proteínas: ingestas orientativas de 1,2–1,6 g por kilogramo de peso corporal y día, repartidas a lo largo de las comidas y procedentes tanto de fuentes animales (huevos, pescado, carne, lácteos) como vegetales (legumbres, frutos secos, semillas, soja).
  • Lácteos: en torno a 3 raciones diarias, con una preferencia explícita por productos sin azúcares añadidos.
  • Grasas: priorizar grasas insaturadas procedentes de aceites vegetales, frutos secos, semillas y pescado. La grasa saturada no debería superar el 10 % de la energía diaria total.
  • Azúcares añadidos: evitar su consumo habitual; como referencia práctica, no más de 10 g de azúcares añadidos por comida.
  • Sodio: menos de 2.300 mg al día en población adulta general.

Estos puntos resumen el mensaje de las guías. La controversia aparece cuando este mensaje general es muy distinto al informe científico aportado para crear las guías. Y es que las guías se crean así: una serie de expertos crean un informe (en esta ocasión de más de 400 páginas), y luego en base a este se crean las guías que son una serie de recomendaciones basadas en dicho informe (se supone). Pues bien, alguna de estas recomendaciones no se sustentan del todo por el informe.

¿Qué opino yo?