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#119. ¿Sabes si tienes Apnea del Sueño? Puede que tu corazón lo esté sufriendo, sin que lo sepas.

Aparece sin que te des cuenta, y avanza en silencio.

Porque no afecta tu vida… sino a tu sueño.

¿Y quién no ha tenido una temporada de mal descanso?

Lo peor es que cuando aparece, daña a todo tu cuerpo, especialmente a tu metabolismo y a tu corazón.

Te cuento cómo detectar y sobre todo cómo evitar, a este asesino silencioso.

A pesar de su nombre, la Apnea Obstructiva del Sueño (AOS) no es una enfermedad limitada al sistema respiratorio, sino que su impacto se extiende mucho más allá y afecta de forma importante al sistema cardiovascular.

Afecta a 1/3 de los hombres y a casi 1/5 de las mujeres de mediana edad. Sin embargo, entre personas con enfermedades cardiovasculares, puede alcanzar el 80%. En la actualidad, la AOS se considera un factor de riesgo cardiovascular independiente y modificable. Pese a lo conocido de su impacto, su diagnóstico y tratamiento son insuficientes [1,2].

¿En qué consiste?

En la AOS, la vía aérea superior se colapsa de forma repetida mientras dormimos provocando episodios de pausa en la respiración (apneas) o de respiración muy superficial (hipopneas).

Cada vez que la vía aérea se cierra… [3]:

  • Se reduce la entrada de oxígeno al cuerpo y baja su concentración en sangre (hipoxia).
  • Se activa el sistema nervioso simpático y se producen microdespertares para reabrir la vía aérea provocando un sueño fragmentado.
  • La presión intratorácica cambia de forma brusca por un esfuerzo del tórax para inspirar contra una vía aérea cerrada
Apnea del sueño y ronquidos ◦ Causas y tratamiento dental
En la apnea obstructiva del sueño, la vía aérea colapsa durante el descanso, impidiendo la respiración adecuada y por tanto, la oxigenación durante el sueño.

Esto ocurre cientos de veces cada noche, con graves consecuencias. Varios mecanismos explican el daño sobre el sistema cardiovascular [1-4]:

  • Inflamación crónica de bajo grado. La hipoxia intermitente activa vías inflamatorias que favorecen la progresión de la aterosclerosis y la inestabilidad de las placas de ateroma. Entre estas vías, las relacionadas con el complejo de inflamasoma NLRP3 son las que presenta la relación más sólida.
  • Estrés oxidativo. La falta intermitente de oxígeno genera radicales libres que dañan la capa interna de los vasos sanguíneos (el endotelio) y reduce la producción de óxido nítrico (que actúa como vasodilatador) facilitando que las arterias se contraigan.
  • Activación del sistema nervioso simpático. Cada apnea o hipopnea son interpretadas como una amenaza y generan una respuesta de estrés: adrenalina, noradrenalina, cortisol… que elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial en el periodo que más bajas deben estar.
  • Estrés mecánico directo al corazón. Los esfuerzos inspiratorios y la presión negativa generada de forma brusca en el tórax someten al corazón a una carga externa innecesaria y repetida.

¿Qué consecuencias tiene?

Muchas. Más allá de un cansancio y somnolencia diurna, a nivel cardiovascular aumenta la aparición y empeora la evolución de diferentes enfermedades y trastornos relacionados.

Algunas de las que presentan una relación causa-efecto más sólida son:

  • Hipertensión arterial (HTA) y, más concretamente, la HTA refractaria (aquella que no se controla con múltiples tratamientos en combinación). Casi el 50% de los pacientes con AOS son hipertensos y, hasta el 80% de los pacientes con HTA resistente padecen AOS. Además, parece existir una relación lineal entre la severidad de la AOS y la resistencia al control de la tensión. La hiperactivación del sistema nervioso simpático y del sistema renina-angiotensina-aldosterona son los principales responsables [5,6].
  • Arritmias: Fibrilación auricular (FA). Los cambios de presión torácica también afectan a las aurículas. El estrés mecánico además de la inflamación sistémica y el estrés oxidativo provocan daño y fibrosis en el músculo auricular y el sistema de conducción. La AOS promueve el desarrollo de la FA y el mal control de la arritmia cuando ya se ha desarrollado. Tanto es así que la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), en sus más recientes guías eleva el estudio y manejo del AOS a un papel protagonista en el manejo de la FA: la AOS no tratada aumenta el riesgo de recaída mientras que el tratamiento efectivo con CPAP se asocia a una menor recurrencia [7,8].
  • Accidente cerebrovascular: Ictus.  La AOS es, en sí misma, un factor de riesgo para sufrir un ictus. Por mecanismos directos (disfunción endotelial, inflamación, tendencia a la trombosis, etc.) e indirectos (empeoramiento de la HTA y la FA, entre otros). Respecto al riesgo de eventos, parece existir una relación lineal: a mayor gravedad de la AOS (mayor número de apneas/hipopneas por hora) mayor riesgo. Respecto al pronóstico, existe una asociación negativa: la presencia de AOS empeora la recuperación tras un ictus y aumenta el riesgo de recurrencia [9-11].
  • Muerte súbita cardíaca (MSC). Se define como aquella que ocurre de forma inesperada y rápida (generalmente <1h desde el inicio del problema) a causa de un problema cardíaco. En pacientes con AOS grave el riesgo puede llegar a triplicarse. La MSC relacionada con la AOS ocurre, con más frecuencia durante la noche (en términos globales es más frecuente al despertar), coincidiendo con la mayor hipoxia y la mínima variabilidad de la frecuencia cardíaca. Los eventos isquémicos y las arritmias son los mecanismos más frecuentes [12-14].

 ¿Y qué puedes hacer tú para evitarla o tratarla?