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#26. Fármacos para adelgazar, ¿son seguros?

Hacen que pierdas peso.

Han sido una absoluta revolución.

Y de hecho, no hay stock.

Pero, ¿son realmente tan buenos?

Y sobre todo, ¿son peligrosos?

Te cuento todo lo que tienes que saber.

La obesidad es una de las epidemias más graves y extendidas del siglo XXI, afectando a millones de personas en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado que esta enfermedad afecta ya a mil millones de personas en el planeta, y su incidencia no solo se limita a los adultos, sino que también se ha multiplicado entre niños y adolescentes.

En España, la prevalencia de la obesidad se ha duplicado en las últimas 3 décadas. Actualmente, más del 21% de los jóvenes españoles (15 – 25 años) son obesos, y un 37% de los españoles sufren sobrepeso.

Y es claro. Los hábitos de alimentación y actividad física son los principales contribuyentes a esta epidemia mundial. La obesidad no solo es un problema estético, es una enfermedad, o, en palabras de la Federación Mundial de Obesidad, un proceso de enfermedad crónico, que representa un riesgo muy importante para la salud, pues aumenta el riesgo de multitud de patologías, como las cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos del aparato locomotor y ciertos tipos de cáncer. 

En la búsqueda constante de soluciones efectivas para la pérdida de peso, desde hace algunos años tenemos disponibles una serie de fármacos que se han posicionado como una alternativa para quienes necesitan perder peso por su salud. Estos medicamentos prometen ayudar en la reducción de peso de manera significativa (cuando se combinan con cambios en el estilo de vida, como una dieta equilibrada y ejercicio regular). Sin embargo, su uso no está exento de controversias y efectos secundarios.

En este artículo te explico cómo funcionan estos medicamentos, quiénes podrían beneficiarse de ellos y si son suficientes para alcanzar tus objetivos.

¿Cómo funcionan?

Agonistas del Receptor GLP-1

Estos fármacos llevan con nosotros más de 10 años como fármacos antidiabéticos, pero ha sido en los últimos 2-3 años cuando su efecto en la pérdida de peso -apoyada en diversos estudios clínicos- ha supuesto una revolución.

Su mecanismo de acción es simple. La hormona GLP-1, sintetizada en el intestino, páncreas y en determinadas áreas neuronales, se secreta cuando comemos y provoca un aumento en la secreción de insulina, una reducción de los niveles de glucagón y actúa a nivel cerebral (sobre todo en un área llamada hipotálamo) para provocarnos una sensación de saciedad y falta de apetito. Este efecto no es muy prolongado en el tiempo, y sabemos que es mucho menor, pudiendo estar prácticamente ausente en personas con sobrepeso u obesidad.

Efecto incretina. Fisiología. Efectos de los arGLP-1

Estos fármacos son análogos de la hormona GLP-1, es decir, tienen la capacidad de unirse a los mismos receptores y provocar los mismos efectos que la propia hormona, pero con un efecto más intenso y de mayor duración.

Existen 3 fármacos principales comercializados actualmente: liraglutida (Saxenda, Victoza), semaglutida (Ribelsus, Ozempic) y dulaglutida (Trulicity). Sus principales diferencias radican en su modo de administración (oral o inyectado) y sus propiedades farmacocinéticas y farmacodinámicas que hacen que algunos tengan que administrarse diariamente mientras que otros precisan una dosis semanal.

Han demostrado ampliamente ser efectivos en la pérdida de peso. En el estudio SCALE, los pacientes tratados con liraglutida perdieron un promedio del 8% de su peso corporal en 56 semanas, en comparación con el 2,6% en el grupo placebo. Semaglutida por su parte ha mostrado asociar una pérdida de hasta el 15% del peso corporal inicial, lo que es comparable a los resultados de cirugía bariátrica.

En el estudio SCALE, los pacientes obesos que tomaron Liraglutide perdieron mucho más peso que los que tomaron placebo, al año de seguimiento. Fuente: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1411892

En Estados Unidos se ha comercializado ya otro fármaco, la tirzepatida, que es el primer análogo dual del receptor de GLP-1 y de GIP, que es otra hormona gastrointestinal que también aumenta la secreción de insulina. Este fármaco promete pérdidas en los ensayos clínicos de hasta un 22% del peso inicial, es decir, es una herramienta que haría incluso sombra a la cirugía bariátrica.

Los potenciales beneficios van más allá. Y es que los análogos de GLP-1 no solo inducen una pérdida de peso, sino que también mejoran el control glucémico en pacientes con diabetes tipo 2, reduciendo la necesidad de otros medicamentos antidiabéticos.

Ahora bien. Si bien son fármacos seguros, presentan efectos secundarios. Los más comunes, los gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, dispepsia), que generalmente ocurren al inicio del tratamiento y disminuyen con el tiempo. Pero se han reportado otros efectos secundarios más graves, como la pancreatitis aguda, obstrucción intestinal, parálisis gástrica, con, eso sí, muy baja incidencia.

En nuestro medio, estos fármacos están financiados en pacientes diabéticos tipo 2 y una obesidad al menos grado I (es decir, con un IMC superior a 30 kg/m2) cuando la dieta y el ejercicio no proporcionan un control glucémico adecuado. Así, al menos hoy no están financiados para la pérdida de peso por sí misma, y deben ser adquiridos mediante receta privada, corriendo el coste a cargo del paciente (aproximadamente, entre 150 y 270 euros al mes).

Ahora bien, hay más fármacos que clásicamente hemos usado, en medicina, para ayudar a perder grasa corporal. Son de todo, menos nuevos.

Inhibidores de la Absorción de Grasas

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