#145. Microplásticos en tus arterias: ¿son de verdad una amenaza?
Vivimos rodeados de plástico.
El cepillo de dientes, el envase del yogur, la funda del móvil, la camiseta técnica con la que sales a correr. Antes de salir de casa por la mañana ya has tocado plástico tantas veces que has dejado de verlo.
Pero ¿qué pasa cuando sus partículas más pequeñas dejan de estar fuera y entran en contacto con tu organismo?
Vamos a verlo con calma: qué son exactamente estas partículas, qué encuentran los estudios, qué significa y, sobre todo, qué no significa.

¿Qué son los microplásticos y los nanoplásticos?
Trozos de plástico. Pequeños, muy pequeños, pero trozos de plástico, al fin y al cabo.
La producción de plástico va en aumento, es así desde hace décadas y se prevé que esta tendencia continúe, al menos, hasta 2050 [1]. Y una vez fabricado, el plástico se queda: contamina el medio ambiente a través de las corrientes oceánicas, los vientos atmosféricos y los fenómenos terrestres, lo que explica que hoy esté prácticamente en todas partes.
Los micro y nanoplásticos aparecen cuando los objetos de plástico se degradan.
Los microplásticos son partículas de menos de 5 milímetros. Los nanoplásticos son, por definición, todavía más pequeños: por debajo de una micra, es decir, mil veces más finos que un milímetro.
Y ambos han mostrado efectos tóxicos en laboratorio - en cultivos celulares y en animales -. Ahora bien, lo que ocurre dentro de una persona es algo más desconocido [2].
Su presencia en el medio ambiente no es nueva, pero en los últimos años ha aumentado el interés por saber qué ocurre cuando estas partículas entran en nuestro organismo.
Porque sí, varios estudios han demostrado que los microplásticos y nanoplásticos entran en el organismo humano mediante la ingestión, la inhalación y la exposición cutánea, entre otros, e interactúan con tejidos y órganos [3]. De hecho, se han encontrado en multitud de tejidos humanos, como la placenta [4], los pulmones [5], y el hígado [6], así como en la leche materna [7], la orina [8], y la sangre [9].
Placenta, pulmón, hígado, sangre. Increíble, ¿verdad? Pues en esa lista falta un sitio. Y es justo el que nos interesa aquí.
¿Qué pasa cuando llegan a las arterias?
Pues peligro, porque ahí ocurren los infartos.
Antes de nada, repasemos qué es la aterosclerosis, qué son las placas y por qué importan.
La aterosclerosis es el proceso por el que enferman las arterias: en su pared se van acumulando lípidos, células inflamatorias y otros componentes que acaban formando la placa de ateroma. Esas placas estrechan la arteria de forma progresiva y pueden llegar a comprometer el flujo de sangre.
O, y esto es bastante más grave, pueden romperse. Cuando una placa se rompe se desencadena una cascada de procesos que termina en la formación de un trombo, un coágulo que puede taponar la arteria por completo - en el mismo sitio o, si se desplaza, más adelante -. Ese es, contado de forma muy sencilla, el mecanismo del infarto y del ictus.
Así que ya tenemos las dos piezas sobre la mesa: partículas de plástico circulando por el organismo y placas que, cuando se rompen, matan. En 2024, The New England Journal of Medicine publicó el estudio que las juntó. Un equipo italiano fue a buscar micro y nanoplásticos al peor sitio posible: dentro de placas retiradas de las arterias del cuello [10].
¿Qué encontraron dentro de las placas?
Plástico. En más de la mitad de ellas. Pero no de cualquier modo, mira.