#153. ¿Y si el Parkinson empezara años antes del primer temblor?
La enfermedad de Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente en el mundo, solo por detrás de la enfermedad de Alzheimer.
Cuando pensamos en ella inmediatamente la asociamos con “temblar”, pero no todos los temblores son Parkinson ni el temblor es su único síntoma.
La realidad de las personas con Parkinson es mucho más compleja. Esta patología también afecta a su capacidad para moverse, al estado de ánimo, al sueño o a sus funciones cognitivas.
En el artículo de hoy vas a descubrir los aspectos más importantes de la enfermedad de Parkinson y qué podemos hacer para diagnosticarla y tratarla.
Empezamos.
¿Qué es la enfermedad de Parkinson?
Se trata de un trastorno neurodegenerativo - es decir, un proceso en el que determinadas neuronas se van deteriorando y muriendo de forma progresiva - que afecta sobre todo al movimiento [1].
Aunque su causa aún se desconoce, es probable que la interacción de factores genéticos y ambientales explique el mecanismo que desencadena la enfermedad: la acumulación de alfa-sinucleína mal plegada [1,2,3].
Esta proteína que se acumula forma agregados conocidos como cuerpos de Lewy en el interior de las neuronas de la sustancia negra (una pequeña zona del tronco del encéfalo) productoras de dopamina, un mensajero químico clave para coordinar el movimiento.
La destrucción progresiva de estas neuronas lleva a la disminución de los niveles cerebrales de dopamina y a los síntomas típicos de la enfermedad cuando ya se ha perdido una parte importante de ellas.

Según el modelo más aceptado para comprender la enfermedad - propuesto por Braak -, la alfa-sinucleína empieza a acumularse años antes de que aparezcan los síntomas motores, primero en las zonas más bajas del cerebro y después, poco a poco, hacia arriba. Eso explicaría por qué muchos pacientes notan antes otros síntomas, los llamados síntomas premotores: pérdida de olfato, estreñimiento o trastornos del sueño.
Ojo: por sí solos son poco específicos. La pérdida de olfato, por ejemplo, es muy frecuente en personas mayores y rara vez acaba en Parkinson [2].
¿A quién afecta?
Se estima que en 2021 la padecían cerca de 12 millones de personas en el mundo [5], y las proyecciones apuntan a que podría superar los 25 millones en 2050, sobre todo por el envejecimiento de la población [6].
Podemos deducir entonces que el principal factor de riesgo de desarrollo de Parkinson es la edad: su frecuencia aumenta notablemente a partir de los 60 años y es máxima por encima de los 80 [7].
Otros factores que se asocian a mayor riesgo son la exposición a pesticidas, disolventes o plomo, los traumatismos craneoencefálicos, la diabetes tipo 2 y algunas enfermedades cardiovasculares [1,8].
Una curiosidad: el tabaco y el café se asocian a menor riesgo. Pero mucha cautela: no está claro que la relación sea causal y fumar, evidentemente, no es una forma de prevenirlo.
Solo una minoría de los casos tiene un componente genético claro: en un amplio estudio norteamericano, alrededor del 13% de los pacientes tenía una variante genética identificable relacionada con la enfermedad, más frecuente en quienes empezaron jóvenes o tenían antecedentes familiares [9]. La amplia mayoría de los casos son esporádicos, sin una causa genética única. En conjunto, la enfermedad es alrededor de 1,4 veces más frecuente en hombres que en mujeres [1].