9 min read

#133. ¿Te orinas de repente y no te puedes aguantar? Tu corazón puede ser la clave.

Tu frecuencia cardíaca puede darte pistas sobre tu vejiga (y probablemente no lo sabías)  

Cuando hablamos de pérdidas de orina, lo habitual es pensar en el suelo pélvico: “Está débil, hay que fortalecerlo.” 

Y sí, en muchos casos es parte del problema. 

Pero no siempre. No todas las incontinencias son iguales ni aparecen por la misma causa. 

Cada vez hay más evidencia de que, especialmente en la incontinencia de urgencia y la vejiga hiperactiva, el sistema nervioso autónomo, el mismo que regula tu frecuencia cardíaca, también juega un papel clave. 

Y cuando esto ocurre, ya no estamos solo ante un problema muscular o de fuerza, sino de regulación del sistema nervioso. 

En este artículo, escrito junto a Raquel Barrachina, especialista en entrenamiento físico en la mujer y suelo pélvico, exploramos esta conexión y qué implica. 

Acompáñanos. 

La incontinencia urinaria

Antes de nada, es importante entender qué es la incontinencia urinaria y qué tipos existen, ya que no todas tienen el mismo origen ni se manifiestan de la misma manera. 

La incontinencia urinaria se define como la pérdida involuntaria de orina. Puede aparecer de forma puntual o repetida, y según cómo se produzca, la clasificamos en diferentes tipos: 

  1. Incontinencia de esfuerzo 
    Aparece cuando realizamos acciones que aumentan la presión en el abdomen, como toser, estornudar, reír, correr o levantar peso. En estos casos, el suelo pélvico no es capaz de contrarrestar esa presión, y se producen pérdidas de orina. 

“No me hagas reír que me meo” 

  1. Incontinencia de urgencia 

Se caracteriza por una sensación repentina e intensa de necesidad de orinar que es difícil de controlar. Aquí, el problema no es tanto mecánico, sino que existe una activación inadecuada de la vejiga, que desencadena esa urgencia. 

“Llego a casa y, de repente, necesito ir al baño de forma urgente.” o “Abro el grifo y al tocar el agua aparece esa sensación que no puedo aguantar.” 

  1.  Incontinencia mixta 
    Es la combinación de ambas: pérdidas asociadas al esfuerzo junto con episodios de urgencia. 

“Se me escapa un poco de orina cuando estornudo o corro, pero también hay momentos en los que me entran unas ganas repentinas de ir al baño y no siempre llego a tiempo.” 

La incontinencia urinaria, en muchos casos, tiene solución. Pero para abordarla correctamente, primero hay que entender su origen. 

Durante años, el mensaje más extendido a quienes la sufrían ha sido el mismo: “Haz ejercicios de Kegel.” 

Por si no los conoces, los ejercicios de Kegel consisten en contraer y relajar de forma voluntaria los músculos del suelo pélvico con el objetivo de mejorar su fuerza y función

Sin embargo, aunque pueden ser una herramienta útil en determinadas situaciones, no son una solución universal para todos los problemas de incontinencia. Para abordar correctamente esta disfunción es necesario tener en cuenta otros factores y, en muchos casos, complementarlos con otras estrategias, ejercicios y cambios en los hábitos de vida. 

Por tanto, sí, pueden ser útiles… pero no en todos los casos ni como única intervención. 

Reducir el tratamiento únicamente a fortalecer el suelo pélvico es simplificar demasiado el problema. Porque si la causa no es principalmente mecánica o muscular, trabajar solo la fuerza no va a resolver el problema en su origen. 

De hecho, en algunos casos ocurre justo lo contrario:

no se trata de fortalecer más, sino de aprender a relajar. 

El suelo pélvico, igual que cualquier otro músculo de tu cuerpo, como la espalda o el cuello, también puede estar excesivamente tenso o hiperactivo, y eso altera su función. 

Y aquí es donde entran en juego estudios muy interesantes, que aportan una visión más completa: lo que ocurre en tu sistema nervioso, y cómo tu cuerpo regula funciones automáticas, también influye en la incontinencia. 

Te cuento más, mira.