#146. Ni glucosa ni colesterol: el parámetro de tu analítica que predice tu riesgo de infarto "invisible".
Los factores de riesgo cardiovascular (FRCV) clásicos —hipertensión, tabaco, diabetes o colesterol elevado— siguen siendo los de más peso para explicar por qué alguien sufre un infarto o un ictus: cuanta más carga de estos factores acumulas, mayor es el riesgo, así de sencillo [1].
Hasta aquí, nada que no sepas.
Pero en consulta también vemos lo contrario: personas sin FRCV clásicos o con buen control y escasa comorbilidad aparente que acaban sufriendo un evento.
Esto nos ha hecho mirar más allá para comprender los mecanismos implicados en el desarrollo de la enfermedad y los eventos cardiovasculares.
Ahí entra la inflamación.
Su papel en el riesgo cardiovascular lleva décadas en investigación y cada vez lo entendemos mejor: no solo participa en cómo se forma la placa de ateroma, sino en cómo evoluciona y, sobre todo, en cómo se rompe. Y es esta rotura de la placa lo que desencadena el infarto [2].
¿Significa esto que deberíamos medirla en cualquier analítica de rutina? Y si es así... ¿cómo?
Vamos a verlo.
Antes de nada: ¿qué es la inflamación y por qué nos importa a los cardiólogos?
La inflamación es la respuesta del sistema inmune ante una agresión: una infección, una herida, una quemadura, etc.
En su forma aguda es protectora y resuelve un problema, en su forma crónica, sin embargo, puede ser dañina.

La “inflamación crónica de bajo grado” se refiere a una activación de fondo, sin signos evidentes pero que va dañando tejidos, órganos y sistemas. Uno de esos tejidos es la pared arterial y ahora sabemos que esta condición juega un papel clave en la enfermedad cardiovascular [3].
Durante mucho tiempo se ha explicado la aterosclerosis con una secuencia sencilla: el colesterol circula en exceso, se deposita en la pared de la arteria, forma una placa y, con el tiempo esa placa se rompe y la arteria se obstruye provocando el evento cardiovascular. Es una simplificación que funciona para entender el concepto, pero hoy sabemos que el proceso es mucho más complejo y que la inflamación juega un papel central en la formación y rotura de la placa como veremos a continuación:
El colesterol LDL (cLDL) se infiltra en la pared de la arteria, queda atrapado y se oxida. Ese cLDL oxidado es detectado como una amenaza y activa la respuesta inmune [2]: los macrófagos que lo devoran acaban atrapados y convertidos en células espumosas; las células musculares lisas se multiplican para sellar la zona y retener ese colesterol oxidado formando una cápsula fibrosa.
Si la inflamación se mantiene - y habitualmente lo hace -, comienzan los problemas: se debilita la cápsula y se favorece el crecimiento de lo que hay debajo (lípidos y células inmunes activadas); se forma lo que llamamos “placa vulnerable” - cápsula fina, núcleo grande y mucha inflamación - que tiene mucho más riesgo de romperse y, al hacerlo, desencadena la formación de un trombo que ocluye la arteria provocando el infarto o el ictus [4].
La cascada de inflamación más estudiada es la siguiente: dentro de la placa se activa el inflamasoma NLRP3, libera interleucina-1β (IL-1β) que estimula la producción de interleucina-6 (IL-6) que a su vez induce al hígado a fabricar proteína C reactiva (PCR) [5].

Esta PCR es la molécula que con más frecuencia medimos en sangre, como “el eco hepático” de algo que está ocurriendo en otro lugar - en la pared arterial -. Esto es importante: la PCR es el mensajero, no el origen del problema [6]; diversos estudios nos han enseñado que actuar solamente sobre ella no sirve de nada si no se apaga la inflamación que la produce. Otras moléculas, como el factor de necrosis tumoral α (TNF-α) [7] y la lipoproteína(a) [8], también contribuyen a este ambiente inflamatorio junto con, probablemente, otras vías que todavía no conocemos del todo.
El papel de la inflamación (especialmente la vía IL-1/IL-6/PCR) está ya reconocido y así, en las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) más recientes se recoge la elevación de la PCR como un "modificador de riesgo": no entra en el cálculo inicial del riesgo cardiovascular pero su elevación reclasifica el riesgo al alza y puede condicionar el tratamiento [1].
Entonces... ¿qué marcadores inflamatorios tenemos disponibles? ¿Y cuáles tiene sentido pedir?
Te los cuento.