#142. ¿Café por la mañana, por la tarde o durante todo el día? ¿Cuál es mejor?
Cada mañana millones de personas preparan - preparamos - café. Lo tomamos por inercia, como parte de la rutina.
Existen muchos mitos y se han hecho muchas preguntas sobre el café, pero hay una que hasta ahora apenas nos habíamos planteado: ¿puede el momento en el que lo tomas cambiar lo que el café le hace a tu corazón?
Justo a esa pregunta responde un nuevo estudio. Vamos a ver qué encontró, qué no encontró y qué puedes hacer tú con eso.

Durante años el debate sobre el café y la salud ha girado en torno a la misma pregunta: ¿cuántas tazas son demasiadas?
Sabemos que un consumo moderado de café se asocia con un menor riesgo de diabetes tipo 2 [1], enfermedades cardiovasculares [2] e incluso una menor mortalidad [3].
Sin embargo, un estudio publicado en European Heart Journal - la revista de la Sociedad Europea de Cardiología - plantea una cuestión distinta. ¿Y si el momento del día en que tomamos café fuera casi tan importante como la cantidad? [4].
No todos consumimos el café de la misma manera
Y hasta ahora nadie se había parado a mirarlo.
La mayoría de las investigaciones sobre el café se habían centrado en la cantidad: una, tres o cinco tazas al día. Sin embargo, los autores de este trabajo quisieron responder a una pregunta diferente:
¿Existen distintos patrones de consumo a lo largo del día? Y si los hay, ¿se relacionan con la salud?
Para ello analizaron los hábitos de 40.725 adultos estadounidenses sin enfermedad cardiovascular ni cáncer al inicio del estudio provenientes del NHANES, la gran encuesta de salud y nutrición de Estados Unidos [5]. Este registro sigue a la población desde hace décadas y cruza sus datos con el registro nacional de defunciones.
Nota. Antes de nada, un detalle que conviene conocer sobre cómo se hizo este estudio - y se hacen tantos otros en nutrición -. Se basa en el “recuerdo de 24 horas”. Es la herramienta más habitual en nutrición para saber qué come una población: a cada persona se le pregunta qué comió y bebió el día anterior, y a qué hora. Es rápido, barato y relativamente sencillo de recoger. Puede tener sesgos de memoria, claro, pero métodos más precisos son difícilmente aplicables: pedirles a grandes grupos que registren de forma rigurosa no suele funcionar.
Así se generaron los datos de este estudio: uno o dos recuerdos de 24 horas por participante, con los que se reconstruyó a qué hora bebía café cada uno.
Identificaron dos patrones de consumo:
- Consumidores matutinos, que toman prácticamente todo su café entre las 4 de la madrugada y el mediodía.
- Consumidores de todo el día, que siguen tomando café por la tarde e incluso hasta el atardecer o por la noche.
El 36% pertenecía al primer grupo, un 16% al segundo, y casi la mitad no tomaba café.
¿Y estos datos así recogidos son fiables?
Eso parece, lo comprobaron dos veces.
Primero, repitieron el análisis usando solo los datos del primer día de cada participante, y luego solo los del segundo: salían los mismos dos grupos (los resultados eran consistentes).
Además, confirmaron que esos mismos dos grupos - matutino frente a todo el día - también aparecían en otras dos cohortes independientes, con siete días completos de registro dietético [4,6,7].
Ahí se validó que los grupos existen, no que uno tenga menos mortalidad que el otro: eso último solo se ha comprobado dentro de este estudio.
Vamos con los resultados:
Café por la mañana frente a café todo el día
Aquí está la diferencia: uno se asoció con menos muertes. El otro, no.
A los participantes se les siguió durante una mediana de casi diez años. Se registraron más de 4.200 fallecimientos, más de 1.200 por enfermedad cardiovascular.

Tras ajustar por numerosos factores - edad, sexo, tabaquismo, calidad de la dieta, actividad física, enfermedades previas, cantidad de café con y sin cafeína, consumo de té y refrescos con cafeína e incluso duración del sueño -, apareció un patrón claro. Pero solo en un grupo. Te cuento quiénes.