#148. Muerte súbita haciendo deporte. ¿Qué pasa? ¿Podemos prevenirla?
La muerte súbita cardiaca (MSC) en el deporte de competición no es frecuente, pero es dramática.
Los datos sobre cuánto ocurre realmente son muy difíciles de conocer, pero un solo caso es demasiado.
Prevenirla es una meta vital, pero difícilmente alcanzable.
Los programas de cribado y los reconocimientos son nuestra mejor herramienta.

¿Podemos hacer algo para evitarlo? ¿Los reconocimientos sirven? ¿Cuándo y a quién se recomiendan?
Vamos a verlo.
Y vamos a centrarnos en un grupo bastante concreto, pero de la máxima relevancia: los deportistas de competición en activo - por debajo de 35 años según los consensos -.
Y es que la muerte súbita del deportista recreacional maduro es distinta, pues estas personas tienen otros riesgos, por otras causas, y requieren otro manejo, que trataremos más adelante.
¿De cuánto estamos hablando?
El mayor registro del que disponemos es estadounidense: veinte años de seguimiento (2002-2022) a deportistas universitarios; 9,1 millones de deportistas-año y 1.102 fallecimientos - 143 por MSC -. Estima una MSC por cada 63.682 deportistas y año [1], y encaja con lo que apuntaba una revisión previa: 1 caso por cada 40.000 a 80.000 deportistas y año [2].
Nota: “deportistas y año” es una medida “conjunta” que agrupa el número de años que se siguen a cada deportista: multiplica sujetos por tiempo. Por eso que sea un número tan alto, que nos sirve para comparar estudios.
En ese mismo registro, la incidencia fue 4 veces mayor en hombres que en mujeres y 3 veces mayor en deportistas negros que en blancos [1].
Vayamos con algunas buenas noticias: a pesar de que los casos se oyen mucho, la incidencia está cayendo y la supervivencia aumentando.
Por un lado, en el registro estadounidense, la incidencia se redujo alrededor de 29 % en términos relativos cada cinco años [1]. No parece un espejismo, porque la tasa de muertes no cardíacas se mantuvo. Por otro lado, otro registro reciente (2014-2023) de paradas cardiacas ocurridas en deportistas estadounidenses de 11 a 29 años muestra una supervivencia global del 49 % que ha ido mejorando a lo largo de la década [3].
¿Por qué?
Los autores del registro universitario sugieren dos motivos: mejor cribado previo y mejor respuesta posterior [1]. Los del trabajo de supervivencia profundizan lo segundo - reconocimiento de la parada, formación en reanimación y disponibilidad de desfibriladores - [3].
El primer motivo es controvertido, y es sobre el que vamos a profundizar. Sobre el segundo quedan pocas dudas: actuar, y actuar rápido, cambia radicalmente el pronóstico.
Para que te hagas una idea, otro registro estadounidense recoge que el 93% de las paradas cardiacas son presenciadas y que la supervivencia aumenta, desde ese 49% global hasta el 83 % cuando hay un profesional formado que participa en la reanimación y hasta al 89 % cuando se usa un desfibrilador que estaba en la instalación [4].